Hace unos años, realicé un cruce diferente del Atlántico....
Es que esta vez no era a las conocidas ciudades y culturas del llamado primer mundo europeo sino que apuntaba a otras realidades a priori bastante diferentes a aquellas...y a la nuestra. La expectativa, estimulada por una apurada revisión de conocimientos geográficos e históricos, la vacunación obligatoria contra enfermedades exóticas, consultas personales a viajeros anteriores mas algunas visitas a Internet, se había encargado de elaborar imágenes, ideas, y -por que no decirlo-hasta algunos preconceptos sobre lo que encontraríamos al otro lado del océano, casi a la misma latitud.
El desafío era al menos subyugante....Nuestra herramienta: el tango...Nuestro objetivo: Angola, un país con algo mas de 13 millones de habitantes de los cuales mas de 3 millones –la población total del Uruguay- están concentrados en Luanda, su capital. Un país que, como nosotros, tiene ventana al Atlántico.
Como muchos países del hemisferio sur, Angola tiene una rica historia de culturas anteriores a la colonización, en este caso portuguesa. Varias naciones indígenas, con sus costumbres, sus territorios, sus lenguas, sus tradiciones, en fin con sus diferentes identidades, están actualmente integradas a las fronteras políticas de Angola, con el idioma portugués como lengua oficial. Sin embargo, una corta visita al corazón angoleño permite observar que algunas de esas culturas aun perviven, y se manifiestan entre otras cosas, en sus músicas étnicas. Músicas sencillas, populares, con fuertes bases rítmicas, canciones a veces con connotaciones religiosas pero también costumbristas.
La colonización portuguesa no escapó al común objetivo de un tramo de la Historia del Hombre sobre la Tierra: la finalidad tan conocida de poseer recursos minerales, un ramo en el cual el territorio angoleño es históricamente tan rico como codiciado....Es tierra de diamantes, oro y petróleo, que también abundan en otros territorios sudafricanos.
Luego de la colonización portuguesa sobrevino un largo y doloroso tiempo de guerras externas e internas que por 35 años azotó a ese pueblo y que aun hoy resulta en un panorama de desolación: pueblos y ciudades semidestruidas, vehículos quemados, armas de guerra abandonadas, campos todavía minados, carreteras de tránsito difícil, mutilados de guerra que piden limosna en los semáforos de Luanda, carencias sanitarias y educativas, desencuentros, desaparecidos, y sub desarrollo en un alto porcentaje de su población.
En los barrios periféricos de Luanda se acumulan millones de campesinos como resultado de un proceso migratorio escapando a las guerras, en doloroso contraste con los barrios residenciales, con los hoteles de primera categoría y con un parque automotor que seria envidia de no pocos uruguayos por su actualidad y diversidad. Las más modernas y costosas 4 x 4 conviven en extraña armonía con niños y mujeres malvendiendo los más diversos artículos para sobrevivir.
Un paisaje urbano bipolar, una realidad golpeante, incluso mas que otras que he observado en regiones de algunos países latinoamericanos...Muchos millones de jóvenes de ese pueblo tienen una expectativa de vida que no supera los 40 años, segados por enfermedades y los conflictos bélicos.
Tengo la impresión que, a pocos años de establecida la paz, los angoleños transitan entre la realidad de la destrucción y las esperanzas de la reconstrucción. Tengo la impresión, también, que mucho se esta haciendo. Vimos maestros en humildes chozas que ofician de escuelas a los bordes de la carretera con un coro de niños alrededor. Vimos y sabemos del trabajo de médicos y enfermeros de diferentes nacionalidades-inclusive uruguayos- aportando caritativamente sus conocimientos para mejorar el nivel de vida de la población. Vimos pueblos y ciudades que se están reconstruyendo, partiendo de lo más básico como es la electricidad y el agua, problema endémico en un clima tan seco, semiárido como el del territorio angoleño. Vimos una parte de Luanda que se transforma en modernos edificios, como también vimos decenas de empresarios de otros países que hacían “lobby” en el hotel con sus portafolios llenos de proyectos y emprendimientos.
Claro que nos queda mucho más por saber de este pueblo que a partir de ahora anexamos a nuestro acervo, a nuestra inquietud por su destino, a nuestro interés por su presente y su futuro....Como pocas nuevas naciones que vamos conociendo, Angola se incorporó a los pueblos por los cuales sentimos un especial afecto.
Será porque de esas tierras vinieron muchos de nuestros ancestros vilmente obligados a un desarraigo del cual la Humanidad aun no se arrepiente lo debido. Paradójicamente, esos desarraigos generaron otros arraigo, el de sus costumbres a los puertos de llegada, con preferencia en la faja atlántica sudamericana brasileña y uruguaya, dejándonos sus influencias culturales y en particular musicales, engendrando el candombe, entre otros ritmos latinos, y sumando su savia a las simientes del tango rioplatense.
Por esto último, cuando llegué por primera vez al continente africano por la puerta de Angola, sentí que estaba volviendo a una parte de mis raíces, la de los padres de los padres de mi abuelo negro, nieto de esclavos.
El gran “continente negro”, sigue siendo una incógnita para muchos de nosotros, donde me incluyo, ya que a pesar de mis tantos viajes y mi curiosidad sin límites, nunca he podido entender el porqué del estado político económico de sus países. Quizás el que tu nos traigas un poquito mas sobre África, desde la visión de uno que procede de nuestra misma cultura, nos lleve a entender mejor “el problema africano”.
ResponderEliminarComo siempre espero más del tema, me apasiona. Gracias por traerlo al tapete.
El Tordillo